Desmontando la misoginia de Hollywood

Varias feministas han influido en la industria del cine y no hay duda de que Laura Mulvey es una de las más famosas. En 1975 publicó su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema en el que habla de varias teorías sobre el cine y la manera en que los hombres y las mujeres son retratados a través de la lente de la cámara.

Su ensayo inició una nueva ola de criticismo hacia el cine y, aunque fue escrito hace más de cuarenta años, sigue siendo relevante hoy en día. El objetivo de su discurso es “discutir el entrelazamiento de ese placer erótico en la película, su significado y, en particular, el lugar central de la imagen de la mujer; y en analizar el placer o la belleza, lo destruyes” (Mulvey, 1973, p. 811).

La mirada masculina

Fundamentalmente señala la manera en que el cine conduce a cada espectador a ver la película desde un cierto punto de vista, o sea de adoptar la famosa mirada masculina. Este concepto representa “la idea de que el cine dominante (de Hollywood) configura el protagonista como figura activa en la narración y es a través de este personaje que la audiencia observa la película” (p.815) y para describir este fenómeno es fundamental reconocer el concepto psicoanalítico freudiana de scopophilia; la observación del cuerpo como un objeto.

Aplicando la teoría de Mulvey a dos películas 

Uno de los ejemplos más famosos de la mirada masculina es la representación de Megan Fox en la película Transformers (2007). El director, Michael Bay, sexualiza a la protagonista femenina de varias maneras. Sin embargo, el momento más famoso es la escena del motor roto en el principio. En esta escena hay un coche deportivo, que es la representación de los hombres fuertes y poderosos. Según la teoría de Freud, el motor roto representa un símbolo fálico.

Entonces, lo que parece ser una mujer tratando de arreglar su coche es en realidad un simbólico erótico para el hombre. Además, la mirada masculina se aplica varias veces a través de la puesta en escena: “la totalidad del contenido expresivo dentro de la imagen: iluminación, maquillaje, vestimenta, comportamiento, gestos, expresiones y ángulos de cámara” (Sikov’s Film Studies, 2010). En este caso, la  mise-en-scène es representada por Megan Fox que aparece con pantalones cortos y una camiseta naranja.

En varios momentos la cámara la objetiviza centrándose en primer lugar en su ombligo, luego en la cintura, subiendo lentamente a su caraEsta toma crea una de las miradas masculinas más famosas de los últimos veinte años y esa mirada que también afecta a las espectadoras, guiándolas, de forma subconsciente, a desear la misma figura femenina, sexual, de Megan Fox.

En esta misma escena, la protagonista femenina está en una calle abandonada cuando de repente se presenta el protagonista masculino, por pura casualidad y le ayuda a arrancar el coche. Representa el viejo estereotipo femenino de una mujer incapaz de cuidar de sí misma. De esta manera, el protagonista masculino no es el único responsable por la creación de la mirada masculina. Existe también la mirada de los directores. Según Emily Lowe en su artículo, Laura Mulvey and the male gaze in the 21st century, publicado en The Student|Newspaper “la gran mayoría de los directores son predominantemente masculinos y heterosexuales; afectando de esta manera la representación de las mujeres que a menudo se reducen al placer estético que proporcionan la visión” (2016).

Sin embargo, puesto que el protagonista masculino asume la misma mirada masculina, este mensaje se transmite de manera sublime a los espectadores, dándoles una razón justificable para sus miradas masculinas y, llevándolos a creer que es socialmente aceptable objetivar a las mujeres de tal manera. Como resultado, estos tipos de imágenes afectan al subconsciente. Por un lado llevan a los hombres a creer que es permisible percibir a las mujeres así y por otro lado llevan a las mujeres pensar que, si no actúan como la protagonista, de consecuencia no están a la altura de las expectativas de la sociedad hegemónica.

Otra película que, en los últimos años, ha tomado una postura contra la industria hegemónica es The Hunger Games (2012). Tanto el libro como la película representan una fuerte protagonista femenina desafiando a la sociedad y combatiendo el sistema patriarcal. La protagonista femenina, Katnissinterpretada por Jennifer Lawrence, representa tanto a la mujer ideal como a la víctima de la mirada masculina. Es importante señalar que ella es una “muchachota”, por lo tanto, es fuerte e inteligente como los héroes masculinos, sin embargo en todo el resto de la película necesita explotar su femineidad para sobrevivir.

Teniendo en cuenta que la mirada masculina surge del placer de ver a otra persona”, estos juegos se transmiten en vivo en cada distrito, haciendo que Katniss esté constantemente bajo la mirada masculina, metafóricamente y literalmente, dado que el presidente de estos juegos, un hombre viejo y blanco, la está observando de continuo. Al final de la película, ella se convierte en la ganadora por una razón bien especifica: siendo una mujer, con características típicas masculinas, manipula la mirada masculina para mostrar al presidente de los juegos lo que él quiere ver; engañándolo desde el principio. Por fin, es capaz de explotar la concepción patriarcal de la feminidad para vencer al sistema; representando de esta manera una de las primeras protagonistas femeninas que es capaz de crear una historia creíble que es valorada por su apropiación femenina.

Conclusión

Vivimos en el año 2018. Aunque nombres como Jennifer Lawrence, Angelina Jolie, Tina Fey y Sandra Bullock son la razón del éxito de muchas películas, de alguna manera, Hollywood todavía no permite a las mujeres escapar de la mirada masculina. Más aun, si aparecen en las películas, siguen siendo objetos de deseo. Según Gregg Kilday, “las oportunidades para las mujeres que trabajan detrás de la cámara no han mejorado en casi 20 años y los personajes femeninos sólo representaban sólo el 32% de todos los papeles de habla y los estereotipos de género permanecieron en su lugar”.

Sin embargo, desde la publicación del ensayo de Laura Mulvey, ha habido un progreso en la representación de las mujeres en la industria cinematográfica. Se han vuelto algo más que simples objetos de deseo y esto es evidente en la comparación entre Transformers (2007) y The Hunger Games (2012). Aunque se han hechos grandes pasos lejos de la vieja representación de las mujeres, todavía hay mucho camino que recorrer para que las mujeres sean representadas de una manera realista.

Mientras las películas sigan siendo hechas desde la perspectiva masculina, la mirada masculina continuará existiendo y Hollywood seguirá siendo una industria hegemónica. Solamente una reconstrucción total de la industria, de los conceptos que están en la base de su existencia, podrá cambiar esta desigualdad entre los sexos y permitir una verdadera apropiación femenina.

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