¿Sólo podemos proteger el 30 por ciento del océano?

El océano proporciona a los seres humanos comida y recreación. Por otra parte, los arrecifes de coral y los manglares contribuyen al hábitat de especies coloridas y exóticas. Muchos países dependen del turismo y de la pesca para subsistir. En muchos países, los peces contribuyen con más del 20% de las proteínas animales consumidas (FAO 2016). Sin embargo, a pesar de actuar como lugares principales de especies y fuentes de alimento, sólo el 3% del océano está protegido.

Designar un espacio como una área protegida es una práctica común. En los sistemas terrestres, esto puede ser a través de un parque nacional. En el mar y el océano, se les llama áreas marinas protegidas (AMPs). Las áreas marinas protegidas, sin embargo, tienen muchas definiciones—algunas se llaman “no-take,” lo que significa que no puede ocurrir ninguna actividad. Otros tipos de AMP permiten las actividades humanas pero con restricciones.

La comunidad internacional ha presionado para proteger al menos el 30% del medio ambiente marino (IUCN 2016). La idea es que al proteger un espacio, las especies y ecosistemas pueden recuperarse, asegurando así la biodiversidad y abundancia de las especies.

Al satisfacer la meta del 30%, el ex presidente Obama creó la mayor AMP en los Estados Unidos (EFE 2016). La protección de los áreas marinas provoca la pregunta, ¿de qué estamos protegiendo esas especies? Existe una amplia gama de actividades—humanas causadas directa e indirectamente—que afectan al número de poblaciones de especies (Halpern et al. 2008, 2015).

La amenaza más común a la pesca es illegal, unregulated and unreported [IUU]. Para ciertas especies, la captura se reduce después de la formación de áreas marinas protegidas (White et al. 2017).

Por otro lado, Halpern y otros (2004) han demostrado que la abundancia y las poblaciones de peces se recuperan más rápidamente en las AMP, pero a expensas de la pesca en otros lugares. Las AMPs, en otras palabras, no están afectando la suma agregada de las poblaciones de las peces, y las poblaciones simplemente se redistribuyen. Gill y otros (2017) mostraron que las AMPs son también más eficaces cuando hay recursos monetarios y aplicación de la ley. Las áreas protegidas marinas pueden actuar como un amortiguador de protección cuando hay niveles de alta incertidumbre respecto a las poblaciones.

En conclusión, las AMPs son herramientas para mantener la biodiversidad y las poblaciones de especies para alimentar a los humanos, pero no son la única solución ni suficiente para alcanzar el objetivo para el que fueron diseñados. ¿Estamos protegiendo el 30 por ciento del medio ambiente marino o sólo estamos trabajando al 30 por ciento de nuestras posibilidades?

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