¿Es viajar a otro país suficiente para desarrollar la competencia global?

En el pasado, sólo una minoría de alumnos de los Estados Unidos tenían el privilegio de viajar fuera del país para observar nuevas tradiciones, experimentar productos culturales como comidas u obras de arte e interactuar con gente más o menos sofisticada, con el fin de regresar a los Estados Unidos más refinados y cosmopolitas. ¿Era esto competencia intercultural?

Esta práctica fue uno de los primeros capítulos en la historia de los estudios en el extranjero y representa un marco distinto del aprendizaje intercultural: presupone que observar y después describir otra cultura es suficiente para aprender a ser un ciudadano global. Los programas diseñados sin mucha preparación para la experiencia representan este modelo prematuro. En cambio, hoy hay más programas en los cuales los estudiantes tienen mayor responsabilidad en la construcción de su experiencia antes, durante y después de su tiempo en el extranjero, con la ayuda de una estructura intencional de su programa de estudios en el extranjero.

Aunque el modelo del “observador” del pasado se ha transformado a uno más interactivo, todavía hoy nos encontramos con vestigios de las prácticas del pasado.

Por ejemplo, un pensamiento común es que se puede desarrollar la competencia global y la comunicación intercultural solo por viajar a otro país y observar una nueva cultura. Resulta que, en verdad, solo observar otra cultura no basta en el desarrollo de esas habilidades tan críticas para el siglo XXI.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define competencia global como:

“la capacidad de analizar asuntos globales e interculturales, valorar distintas perspectivas desde el respeto por los derechos humanos, para interrelacionarse con personas de diferentes culturas, emprender acciones por el bien común y el desarrollo sostenible.”

Hoy en día el número de programas de intercambio intercultural está en auge y según un informe de Open Doors, 332.727 estudiantes estudiaron en el extranjero durante el año académico 2016-17. Es común que programas de intercambio cultural digan que sus estudiantes están desarrollando competencia global. No obstante, asegurar que un programa da impulso al crecimiento de la competencia global requiere estructura intencional en el diseño del programa.

En The International Education Handbook: Principles and Practices of the Field, la doctora Katherine Punteney, del Middlebury Institute, destaca los puntos claves para crear un ambiente para el aprendizaje de la competencia global como, por ejemplo, participar frecuentemente en auto-reflexiones y discusiones sobre sus experiencias. En situaciones así, el papel del instructor es esencial. Tiene que cultivar un ambiente cómodo pero estimulante y apoyar a los estudiantes en etapas distintas de su desarrollo. Con la ayuda de un instructor, los estudiantes pueden aprovechar de actividades reflexivas como escribir en un diario, crear artefactos artísticos, leer poesía, hacer dramatizaciones, tener debates y contar historias para expresar sus experiencias y fomentar su competencia global.

El libro también hace hincapié en que, para maximizar el aprendizaje intercultural, los estudiantes requieren interacciones que no sean simplemente superficiales. Por ejemplo, podrían participar en un programa de compañeros de conversación, jugar deportes, ser voluntarios en una organización local o trabajar dentro de la comunidad. Otras ideas para profundizar en las conexiones locales son dejar sus propias redes sociales y empezar a usar las redes locales y enfocarse en trabajar colaborativamente en proyectos de grupos en las clases con estudiantes del país de destino.

En el pasado una minoría de estudiantes viajaba a otros países para observar y ver otras culturas de una forma aséptica. Hoy en día, esa técnica no basta para el desarrollo de la competencia global. Cuando diseñamos experiencias de intercambio cultural para estudiantes del siglo XXI, es fundamental que consideremos maneras creativas e intencionales de incluir reflexión e interacciones significativas dentro de los programas para el beneficio de los líderes del futuro, tanto en el país de origen como en el país de destino.  

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